Se acerca la Navidad. Una fecha muy especial para compartir en familia, para reunirnos con nuestros seres queridos y recibir de ellos un fuerte abrazo; y ¿por qué no? Un regalo. Sin embargo, no todos tenemos la oportunidad de compartir con la familia; muchos, nunca han recibido un presente de Navidad.

La Navidad es tal vez, una de las fechas más anheladas por los niños, quienes aguardan con esperanza la llegada de los juguetes. Aunque el verdadero valor de la Navidad radique en el renacimiento del amor y el afianzamiento de los lazos de hermandad, la entrega de regalos no debe adquirir una connotación negativa; es simplemente, una forma de expresar los sentimientos y alegrar la vida. Serían necesarios muchos recursos y la voluntad de toda la humanidad, para llevar felicidad a los miles de niños que carecen de familia y recursos económicos. Pero la suma de las voluntades individuales y las muestras significativas de solidaridad, sí pueden marcar la diferencia de un grupo de niños que merecen vivir la experiencia del amor. No importa el valor del regalo; lo importante es entregar parte de lo que todos los días recibimos con abundancia. Organismos internacionales y Gobiernos, trabajan todos los días del año para cambiar de forma estructural, las condiciones de vida de la población menos favorecida. Pero los recursos no son suficientes y prima la satisfacción de las necesidades básicas. Por eso, los regalos de Navidad están en segundo plano. Somos nosotros los llamados a llenar este vacío, con regalos que tal vez no mejoren las condiciones de vida de una familia, pero sí permanezcan en el recuerdo de unos niños que merecen crecer con la ilusión de una noche mágica, alegre, especial.

Luisa Fernanda Sánchez Urresty – Directora Centro de Preparación Académica