Dentro del cumplimiento de la misión educativa de T&T, estrechamente vinculada a  brindar soluciones educativas a los estudiantes de acuerdo con sus características y necesidades particulares, nuestros docentes están llamados a establecer métodos y estrategias pertinentes, con el fin de desarrollar habilidades y competencias en cada una de los saberes abordados.

En este contexto, la pedagogía dialogante como síntesis del análisis de los procesos educativos en Colombia, sirve como piedra angular en el cumplimiento de este objetivo; por esto, las siguientes líneas tienen como propósito enunciar las características de este paradigma, así como analizar su potencialidad en el trabajo de aula en la Institución.

La Pedagogía Dialogante es un Modelo Pedagógico propuesto por el profesor Julián de Zubiría. Esta propuesta está sustentada en la dialéctica, siempre que establece en franca tensión dos grandes enfoques pedagógicos: El Heteroestructurante y el Autoestructurante,  diferenciados por su interpretación del qué hacer, y de los fines de la educación.

El Modelo Heteroestructurante  está caracterizado por concebir que la producción de conocimiento es externa a la escuela. Bajo esta condición, la institución se convierte en trasmisora de la cultura humana; dándole una importancia central al maestro,  quien, como actor principal del proceso, organiza y desarrolla las situaciones educativas; hallando en esto, la justificación del  autoritarismo en su práctica,  pues así es como logra la asimilación en los educandos, del acervo histórico cultural. (Zubiria J. d., 2006).

La  antítesis de este Modelo,  se encuentra en los enfoques que se clasifican como Modelos Autoestructurantes, teniendo como característica central, una visión del niño como el actor principal del proceso educativo, al poseer unas cualidades inherentes que lo llevan a desarrollar la autonomía en su propio desarrollo; así, cualquier intervención externa obstaculiza este proceso; por ende la escuela, se reduce a un espacio para favorecer la socialización, promover el interés y hacer sentir feliz al niño, mientras que el maestro se relega al papel de mediador, auxiliar o coequipero (Zubiria J. d., 2006).
Dando por resultado,  la síntesis en el Modelo Interestructurante o Pedagogía Dialogante,  que reconoce el papel activo del estudiante, y el rol esencial y determinante de los maestros y la escuela en el proceso de aprehendizaje. Rescata positivamente del Modelo Heteroestructurante , la idea de que el conocimiento transmitido en las aulas tiene un desarrollo externo a la escuela, asumiendo en  el relacionamiento continuo, la ejercitación y la reiteración, elementos centrales del proceso de aprendizaje de conocimientos.

Por su parte, rescata del Modelo Autoestructurante, la condición del estudiante como un sujeto activo en el proceso de aprendizaje, negando con esto el papel central del docente, cuando es basado en procesos rutinarios y mecánicos  que se imprimen sobre un estudiante pasivo, propio del Modelo Heteroestructurante, y la visión idealista del niño, que desplaza al docente y la escuela a un trasfondo del proceso, del Modelo Autoestructurante  (Zubiria J. d., 2006).

Gran parte del trabajo que se desarrolla en t&t, da cuenta de esta crítica de los hermanos de Zubiría frente a los enfoques pedagógicos; es más,  compartiendo la misma línea de interpretación, todos nuestros esfuerzos convergen en la búsqueda del desarrollo integral del estudiante partiendo del entendimiento de la realidad en la que se inscribe, con el ánimo de  brindarle los elementos necesarios para hacer frente a las contradicciones de su realidad. Se trata en últimas, de formar para su vida; de nada sirve un cúmulo de conocimientos abstractos que el estudiante no pueda emplazar ni aplicar en su vida cotidiana. 

El Desarrollo como finalidad

Como ya se describió, la Pedagogía Dialogante propone el desarrollo integral del estudiante como eje transversal de sus postulados. Sin embargo, es preciso exponer específicamente en qué consiste educar para el desarrollo y cómo se relaciona este concepto con el aprendizaje, en el marco de lo que el pedagogo Ruso Lev Vygotsky llama zonas de desarrollo (próxima, potencial y real).
Vigotzky reconoce además tres posturas teóricas, alusivas a la relación entre desarrollo y aprendizaje; la primera, identificada como evolutiva, tiene como representante principal a Jean Piaget, quien cree  que, en la medida en que el niño adquiera un conjunto de habilidades dadas por su desarrollo biológico, estará preparado para un determinado aprendizaje. Así, se pone el crecimiento del niño, como factor determinante  para la instrucción. Por ello, establece un conjunto de ciclos relacionando la edad cronológica, con los contenidos del  aprendizaje.
La segunda postura es la relacional, desde la que se plantea que el desarrollo y el aprendizaje son procesos simultáneos, que se influyen mutuamente; algo así como si se tratara de una relación directamente proporcional.
Una tercera línea histórico cultural -en la cual Vygotski se inscribe-, plantea  que  el desarrollo de un niño está mediado por un contexto sociocultural que lo determina y el cual puede ser obstáculo o aliciente para el aprendizaje (Vygotski, 2000).
Desde esta línea,  el autor encuentra un método para identificar los niveles de desarrollo, girando en torno a la capacidad del individuo de resolver un problema, así:  si el estudiante requiere de una guía para darle solución, se encuentra en la zona de desarrollo potencial; si puede darle solución por cuenta propia, está en la zona de desarrollo real; entre estas dos, se  identifica una zona intermedia, en la que se desarrolla una transición entre  la necesidad de contar con un guía y la autonomía, conocida como  la zona de desarrollo próximo.
Es necesario resaltar que, cuando la Pedagogía Dialogante establece que su finalidad  es el desarrollo, no toma este concepto, como algo retórico o abstracto;  puntualiza que refiere a las facultades cognitivas, valorativas y praxiológicas del ser humano, evaluadas en el desarrollo de las inteligencias: analítica, socio afectiva  y práxica; apartándose de la educación tradicional, estimada  en función de los conocimientos específicos que es capaz de hacer aprender al estudiante.  (Zubiria J. d., 2006).
Con base en lo anterior, nuestra misión educativa nos orienta a convertirnos en un espacio significativo para el estudiante, en donde, partiendo de su  realidad inmediata y teniendo al tutor como un aliado indispensable, se logre potenciar habilidades académicas y sociales, que apunten al desarrollo, en  la búsqueda de la autonomía. A diario evidenciamos los grandes avances que de la formulación de puestas alternativas se  obtienen: los proyectos transversales y de aula, programas adaptados, unidades didácticas y salidas de campo, solo son el reflejo de una ambición pedagógica amparada en sólidos paradigmas como el de la Pedagogía Dialogante, a los que acudimos cotidianamente en el diseño de estrategias que empoderen las particularidades de nuestra población, cohesionando así una comunidad en torno al fortalecimiento de sus habilidades.
Todos los días trabajamos en lo que creemos, la educación; superando los retos que actualmente ello supone.

Víctor Manuel Sánchez Reyes
Coordinador de Humanidades
Centro de Preparación Académica
Teaching and Tutoring College de Colombia –t&t

Bibliografía.
Lev S. Vygotsky  (2000).  PENSAMIENTO Y LENGUAJE. Teoría del desarrollo cultural de las funciones psíquicas.Altaya.
Zubiria, J. d. (2006). Los modelos pedagogicos: hacia una Pedagogia Dialogante 2 Edicion. Bogota: Editorial Magisterio.
Zubiria, M. D., & Zubiria, J. D. (1987). fundamentos de pedagogia conceptual, una propuesta curricular para la enseñanza de las ciencias sociales para pensar. Bogota: Plaza & James Editores.