Estudiante del programa de Nivelación académica

No fue hace mucho que llegué buscando colegio a una esquina blanca de la calle 78 con 12A, con los bordes de la cabeza afeitados al cero, cresta levantada con jabón rey, chaleco de cuero gastado con “spikes” en los hombros, y un permanente gesto de displicencia –que me placía portar– esperando ser recibido para terminar lo que me restaba del bachillerato. Había sido expulsado del English School, invitado a retirarme del San Diego, y rechazado por una cantidad considerable de colegios “alternativos”.

Al igual que muchos otros adolescentes, me gustaba, aún más, me apasionaba, decir que no: no a mis padres, no al colegio y no a la ley. Y así mismo, me encantaba que me dijeran que no.

No creo hasta el día de hoy haber encontrado más significativa y grata sorpresa que la sonrisa y el sí a mi ingreso que me dio Mary Anne en la puerta, mientras me veía apagar un cigarrillo contra mis botas punta de acero: “Sigue y nos cuentas como haces para que te quede así el cabello, Alejo”. A partir de ese momento, mi mundo se sacudió, y cambió la visión que tenía sobre la funcionalidad del colegio. El diagnóstico se transformó también: de oveja negra a chico original; de un joven muy disperso, a un chico con una mente inquieta; de disparatado a simpático y de revoltoso a crítico.

T&T vio más en mí de lo que yo mismo veía. Mis jóvenes profesores, que tenían bastante frescas sus experiencias universitarias, y a quienes no menciono uno a uno por piedad con el lector, se motivaron en trabajar con lo mejor que veían en mí; en nutrir de posturas críticas mis simples ganas de quejarme, y en aterrizar siempre el conocimiento de la geografía, la historia, las ciencias sociales en general, a la realidad colombiana y en particular a mi entorno inmediato.

Después de T&T y de un muy enriquecedor viaje a la India entré a Antropología en la Universidad de los Andes, en donde pasé sin problemas gracias a la buena preparación y hábitos de lectura que había adquirido en T&T. Fui también becario de la Universidad de los Andes y TROPENBOS para investigación en la Orinoquía Colombiana y recibí la Beca MASHAV otorgada por el Gobierno de Israel para capacitarme en ese país en temas de desarrollo agrario sostenible.

La cresta se ha ido, el chaleco no sale del armario, los taches me irritan la piel y las botas punta de acero ahora cumplen otras funciones. Pero, gracias a lo vivido y aprendido en T&T, no me siento muy distinto al joven punk que entró por sus puertas y del cual, sin cambiarlo, ciertamente sacaron lo mejor.